¿DE DÓNDE VIENE LA FRASE "𝐏𝐎𝐑 𝐂𝐇𝐄𝐁𝐎"?
En la Guatemala de antaño hubo personajes que, sin proponérselo, terminaron convirtiéndose en leyenda.
Uno de ellos fue Eusebio Ibarra, conocido cariñosamente como don Chebo, un quetzalteco que vivió entre 1837 y 1917 y cuya historia, entre hechos y tradición oral, todavía permanece en el imaginario popular.
Don Chebo fue un hombre de buena posición económica y dueño de varias propiedades en Xelajú. Sin embargo, su fortuna no impidió que pasara a la historia por algo muy distinto: su proverbial ingenuidad.
El historiador quetzalteco Francisco Cajas Ovando lo describe como un hombre delgado, de aproximadamente 1.70 metros de estatura, que acostumbraba vestir traje de casimir, sombrero y un elegante bigote al estilo de aquellos tiempos.
Entre sus propiedades hubo una edificación que mandó construir con la intención de convertirla en teatro. El proyecto no prosperó y terminó utilizándola como residencia. Aquel inmueble, conocido como Teatro Ibarra, tendría después otros usos y, con el paso de los años, llegó a funcionar como prisión para mujeres. Otra de sus casas fue ocupada posteriormente por la Policía Nacional Civil.
Pero si algo hizo famoso a don Chebo fue una expresión que sobrevivió al personaje: «Por Chebo».
Cuenta la tradición que don Eusebio, en vida, heredó a sus hijos todas sus propiedades. Cuando alguien le preguntaba por qué había tomado aquella decisión, respondía sencillamente:
«Por Chebo».
La frase terminó convirtiéndose en una manera popular de referirse a una decisión ingenua, poco pensada o, dicho en buen chapín, a una verdadera babosada. De allí que, con el tiempo, «por Chebo» y «baboso» quedaran unidos en el lenguaje popular.
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| Don Chebo - imagen mejorada con inteligencia artificial |
LA HISTORIA DEL CABALLO
Entre las muchas anécdotas que se cuentan de don Chebo hay una que retrata perfectamente la fama que le acompañó.
Se dice que un día salió a vender su caballo. En el camino lo cambió por una vaca; después, la vaca por una cabra; la cabra por un cerdo; el cerdo por un chompipe; el chompipe por una gallina y, finalmente, la gallina por un canasto de manzanas podridas.
Regresó a su casa muy satisfecho con el negocio y llevó las manzanas a su esposa. Ella, lejos de molestarse, se alegró al recibirlas, pues ya no tenía dientes y aquellas manzanas blandas le resultaban fáciles de comer.
Así, entre historias, exageraciones y recuerdos transmitidos de boca en boca, don Chebo dejó de ser solamente un personaje de Quetzaltenango para convertirse en parte de la memoria popular de Guatemala.
Y cuando alguien toma una decisión de esas que hacen preguntar: «¿Y por qué hiciste eso?», todavía puede aparecer, desde algún rincón de la memoria chapina, la vieja respuesta:
«¡Por Chebo!...»

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