Como el día más complejo en Guatemala, a donde llegó el 24 de noviembre de 2013, evoca la enfermera cubana Sadiuska Vélez lo vivido recientemente, al enfrentarse a una emergencia obstétrica en un recóndito paraje del país.
Vélez labora en el puesto de salud de la aldea San Ramón, del municipio Santa Cruz Barillas, 415 kilómetros al noroeste de esta capital, ubicado en el departamento de Huehuetenango.
Al captar a la embarazada Catarina Diego Martín, dijo a Prensa Latina, se sabía que tendría problemas por sus complicaciones fetales anteriores.
La también especialista en primer grado en Higiene y Epidemiología afirmó que la situación de la paciente de 38 años -con nueve hijos ya- era muy complicada, pero ella se negó a aceptar la recomendación de parir en el hospital.
A la hora del alumbramiento tuvo una complicación con una preeclampsia (hipertensión arterial y proteína en la orina) y fue entonces que la comadrona llamó, y “tuve que trasladarme porque vivo a una hora y media de Río Negro”.
“Afortunadamente llegamos, alguien de la comunidad nos apoyó con el transporte y durante todo el camino le echamos gotas de limón a Catarina por la boca, pues carecíamos de antihipertensivos para ese tipo de complicación”, relató Vélez.
Para mayor estrés, el carro se averió por el camino y tuvieron que llamar al hospital, desde donde les enviaron una ambulancia.
Al entrar en la instalación hospitalaria, rememoró, el equipo médico se movilizó y en menos de 15 minutos la estabilizaron, le hicieron cesárea y así se salvaron dos vidas.
Catarina Diego Martín y su bebé María Francisco Diego, de la comunidad de Río Negro, no están incluidas aún en las 294 mil 810 vidas salvadas por cooperantes cubanos desde noviembre de 1998 hasta el 28 de febrero pasado, de acuerdo con datos de la Brigada Médica en Guatemala.
Sadiuska, una de los 153 licenciados en enfermería que trabajan en remotos lugares de la geografía nacional, ha aprendido frases en q’anjob’al, una lengua que, según define, “en nada se parece al español”.
En el tiempo que lleva en San Ramón ya sabe los significados de tzet yok a b’i (¿cómo te llamas?), b’aytal ya’ (¿dónde te duele?), watx’a k’ul (¿cómo te sientes?, ya’in jolom (dolor de cabeza) y ya’masanil in mimanil (me duele todo el cuerpo).
Comentó que trata siempre de al menos una palabra decírsela en su lengua materna, para acercarse más a los pobladores y entenderlos mejor. “A ellos les satisface mucho cuando ven que uno habla su idioma”.
Aunque es importante saber su lengua, consideró necesario practicar el lenguaje del amor para que les llegue el mensaje.
“Cuando tú le pones la mano en el pecho o en la cabeza a una señora, le alivias un dolor o le das cariño a uno de sus hijos, se logra la comunicación y eso tiene un valor incalculable”, ilustró.
Al arribar a la aldea San Ramón aquel 3 de diciembre de 2013, contó, el impacto inicial fue muy fuerte y tuvimos que enfrentar problemas de salud a los cuales no estábamos acostumbrados en Cuba, “pero eso nos hizo crecer”.
Santa Cruz Barillas, a 12 horas de la ciudad de Guatemala, tiene una población muy dispersa por montañas, “que nunca en mi vida hubiera soñado que iba a transitar”, señaló Sadiuska.
Fuente | Prensa Latina

0 Comentarios